La Glorieta

851

Observamos los amantes de nuestra historia local que la villa de Águilas cuenta con los mismos años pretéritos de la nación de Los Estados Unidos de América.

Desde que el Rey Carlos III firmó la Cédula dirigida al Corregidor de Lorca en noviembre de 1787, han transcurrido casi dos siglos y medio en nuestro avatar como entidad poblacional, hija de la Ilustración del siglo XVIII. Fue el conde de Aranda en junio de 1765 el que ideo en el lugar casi abandonado de la marina de las Águilas, una población abierta “ a la industria y al comercio” como señaló en su carta el noble aragonés. En la tarde del 30 de junio de aquel año , el teniente de Ingenieros militares Alonso de Ochando levantó sobre el terreno cubierto de vestigios romanos una especie del borrador del plano de la futura población. Este papel sirvió para que el coronel Vodopich , sustituto de Feringán en las obras del Arsenal de Cartagena, levantara el plano oficial que se conserva en el museo militar de Madrid. En el plano figura en el centro un cuadro con ocho calles que desembocaban al proyecto de lo que sería la Plaza Mayor. Corresponde a la zona del casco antiguo, desfigurado por la construcción de edificios levantados en la década de los setenta del siglo pasado, y que no tiene nada que ver con las casas de pasadas generaciones. Motivo por el cual ha perdido todo su encanto. Así que tenemos la Plaza Mayor. En años posteriores se concibió la idea de adornarla con unos soportales , propicios del tiempo de aquel siglo. El proyecto incluía un monumento ecuestre a nuestro rey fundador cabalgando en un airoso corcel. La figura de bronce se iba a instalar en el sitio de la pava la balsa.

La penuria del reinado de Carlos IV dio al traste con el citado proyecto sustituido por la edificación de nuevos almacenes construidos por los comerciantes franceses afincados en la ciudad de Lorca. Dentro de esta área entraba el lugar del templo parroquial diseñado por el arquitecto del Príncipe , Juan de Villanueva, el mismo que ideó la monumental fuente con seis caños y que todos lamentamos su desaparición. La proyectada iglesia se había fijado en la esquina del conde de Aranda y la cuesta del Caño. Más tarde se vio la necesidad de levantar el templo en la situación actual. De pasada podemos decir que tuvo que transcurrir cuarenta y dos años para ser inaugurado .´

Los vaivenes de nuestra historia registra que en 1837 ,año de la independencia definitiva de nuestro ayuntamiento con respecto al corregimiento de Lorca , el primer gobierno municipal presidido por el magnate Ginés Antonio Romero, cambió la Plaza Mayor por Plaza de Isabel II cuando la reina contaba con pocos años de edad. Con el transcurso del tiempo se cambió el título de la emblemática plaza por Plaza de la Constitución .

Así hasta llegar al Sexenio revolucionario ( 1868- 1874) en donde aconteció el exilio de la reina a Francia. Después de diversos gobiernos fugaces, llegó la primera república española que duró menos de un año con cuatro presidentes en funciones. En Aguilas, uno de los ediles republicanos con gran influencia municipal, y maestro de escuela , Ramón Quintana, por más señas, inmortalizado con el nombre de una de las calles del casco urbano, en uno de los plenos del año 1873 , puso sobre la mesa el cambio de título de la Plaza de la Constitución por la Plaza de la República Federal . No cuajó tal proposición y el centro neurálgico del casco urbano de Águilas , siguió llamándose Plaza de la Constitución. En los últimos años del siglo XIX con el auge del muelle comercial y el ferrocarril inglés , la plaza de la Constitución fue adornada con plantas ajardinadas y de algunos árboles. Distinguiéndose sobre todo los dos Ficus gigantes traídos de la América Hispana. Desde entonces , aunque oficialmente conservaba el título de plaza de la Constitución , los vecinos la llamaron la Glorieta porque daba gloria de estar en su ameno jardín. La efigie bronceada del ánade atacado por la perfidia de la serpiente elaborada en un taller de Madrid conocida por la Pava de la balsa, en los años veinte los señoritos ,nombrados por el casticismo aguileño, los churubitos, le daban el nombre del Pato de la balsa. Cuando ambas calificaciones son erróneas. Poco antes de ser instalada la Pava se hallaba una piedra natural con un minúsculo chorrillo de agua traído de la fuente del Caño.

Antes de convertirse esta plaza en Glorieta , los domingos por la mañana , se instalaba en su recinto el mercado semanal. En el año 1902 se trasladó a los sábados siendo alcalde don José Parra Inchaurrandieta , hijo de don Enrique Parra Fernández Osorio , benemérito corregidor que ha pasado a la posteridad por llevar su nombre el paseo de Levante o del escocés Mac Murray. Volviendo aquel año de 1902 nos fijamos que en diciembre de ese tiempo llegó la luz eléctrica . Fue todo un acontecimiento. Toda la gente atardecer esperaba ansiosa “la luz perlática”, tal como se decía en aquella efemérides. Opinamos que el concepto de luz eléctrica era un vocablo desconocido . Nunca se había escuchado .

El 14 de abril de 1931por la tarde se juntó un gentío alborozado al saber que en España se había proclamado la II República. Momento por el cual el joven abogado Felix Montiel echó un discurso alabando la bandera tricolor que llevaba entre sus pliegues el morado ,el mismo color que la túnica de Jesús. Craso error. Cuando la franja morada era un recuerdo y homenaje a los comuneros de Castilla ,a principios del siglo XVI , ensalzados por Manuel Azaña. En aquellos momentos de fervor republicano, un gran cuadro del rey Alfonso XIII que presidía los plenos, fue arrojado al suelo, tirado por el balcón. Roto el icono del rey, permaneció durante mucho tiempo encerrado en una habitación en los bajos de la casa consistorial. El nuevo gobierno republicano quitó los rótulos de la plaza de la Constitución por la Plaza de la República.

La Glorieta quedó entristecida por el azote cruel de la guerra civil. Solo un personaje y querido por el pueblo, el conocido “ Juanico el Tonto” seguía con sus paseos en la desolada Glorieta . Cuando él fue llamado a filas, manifestó en las dependencias de los reclutas de Murcia que él no sabía nada de la guerra, y aquel que formó el lío que venga a desenliarlo. Claro lo dieron por inútil y se libró de ir al frente con todo lo que representaba de muerte , de hambre y de miseria.

Al finalizar la contienda civil, los nuevos munícipes , siguiendo el cambio del callejero, acordaron llamar al denostado título de plaza de la República por Plaza de España, nombre oficial que ostenta en la actualidad. Pero el entrañable calificativo de la Glorieta , es imperecedero y seguirá siendo a pesar de los cambios políticos y la manera de vivir de los aguileños.

No hay comentarios

Dejar respuesta