La desaparecida provincia de Murcia

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Durante el pasado mes de noviembre se cumplieron 180 años del Real Decreto de división del territorio nacional en provincias, de acuerdo con el proyecto del político granadino (de Motril, como Belluga), Javier de Burgos, en vigor hasta su derogación parcial a partir del desarrollo de la Constitución de 1978 en que España, en virtud del Artículo 137, se configuró en 17 comunidades autónomas, muchas de ellas pluriprovinciales (y por tanto conservando la división de las mismas en provincias) y otras, como la Murciana que, por ser uniprovincial (como también lo son Asturias, Cantabria, La Rioja, Madrid y Navarra), los órganos de representación y gobierno de la Diputación Provincial quedaron sustituidos por la propia Comunidad Autónoma. La Diputación Provincial Murciana se había constituido el 31 de mayo de 1820, en cumplimiento del mandato del Artículo 325 de la Constitución de Cádiz de 1812, siendo extinguida en agosto de 1982 en virtud de la asumpción por la Comunidad Autónoma de los órganos de representación y gobierno ya mencionados.

Javier de Burgos, a quien se le han echado las culpas de las ventajas y desventajas de aquella división territorial de 1833, fue un afrancesado que, por sus ideas progresistas tuvo que emigrar a Francia en 1810, a los 32 años, regresando del país vecino en 1819, pero con las ideas muy claras respecto a la modernización y contra el absolutismo del Fernando VII. En 1833 fue nombrado ministro en el gobierno de Cea Bermúdez, para ocupar la cartera del recientemente creado Ministerio de Fomento, momento que aprovechó para poner en práctica su proyecto de división territorial, con el fin de lograr la más adecuada prestación de los Servicios del Estado.

La división de España en 49 provincias que sustituyeron a los territorios de los antiguos reinos, respondía al mismo criterio uniformista y centralizador que inspiró la creación de los Departamentos Franceses, según se deduce del preámbulo del citado Decreto de 30 de noviembre de 1833, en que se afirma la necesidad de que la acción administrativa fuera rápida y simultánea en aras de la propia eficacia.

Lo malo fue que, como en tantos otros casos, se ventiló todo en un despacho de Madrid, con tiralíneas y escuadra, sin contar para nada, o muy poco, con el elemento humano, y con fronteras las más de las veces arbitrarias que aún, casi doscientos años después, siguen sin entenderse los criterios que se impusieron.

La entidad provincial murciana contó en adelante con dos provincia: Albacete y Murcia, pero dejó fuera territorios que histórica y emocionalmente eran murcianos, como la Comarca de Los Vélez, y zonas del norte de Almería cercanos a  Águilas, perdidos en la zona de Terreros a favor de Pulpí.

Se respetó el linde histórico de la Vereda y Mojones del Reino respecto a la delimitación de Murcia (o Castilla) con Aragón, entre Beniel y Orihuela, pero no se tuvieron en cuenta lindes idiomáticas, quedando Raspay (pedanía de Yecla, donde se habla valenciano) en Murcia; y Villena, que es castellanoparlante en Alicante.

Con sus ventajas y defectos, la Provincia de Murcia vino funcionando como tal desde 1833 a 1982, durante casi ciento cincuenta años. Su órgano de gobierno: la Diputación Provincial, tras ubicarse en diferentes lugares urbanos de la capital, tuvo edificio propio que hoy acoge a la Consejería de Economía y Hacienda en la Avda. del Teniente Flomesta (en cuya fachada aún se ostentan los escudos de las ciudades cabeza de partido). Símbolos propios como el escudo, desde junio de 1927 (que recogía en su campo el de los nueve partidos judiciales de la misma) y bandera (azul como el cielo del sureste con el escudo en el centro). Su presidente y los diputados usaban como distintivo fajín verde con hebilla en que figuraba el escudo provincial, y medalla corporativa.

También tuvo, a partir de 1975 su propia revista: MURCIA, que dirigía quien fue su Secretario General durante muchos años Mariano Funes Martínez y realizaba el periodista Serafín Alonso Navarro. Sus logros fueron muchos y buenos a lo largo de su dilatada existencia. Todo ello, sin embargo, hoy es sólo objeto de recuerdo al cumplirse poco más de 180 años en que el antiguo Reino medieval se convirtió en provincia.

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