MOLINO DEL TIO MANUEL - EL RAMEAl sur de Los Alcázares, caminando por la antigua carretera N-332, en dirección Cartagena, por la izquierda disfrutamos el espacio del centenario aeródromo, donde crecen matorrales, cañizos, esparragueras….entre instalaciones militares y como fondo la interesante acuarela, cada día, sorprendente del Mar Menor, la sierra minera y el Carmolí; por la zona de la derecha, van creciendo nuevas urbanizaciones y si rebuscamos hacia poniente aun se mantiene erguida y escondida entre palmeras una estructura troncocónica, construida con mampostería trabada con argamasa de cal y arena. Nos referimos a la torre del molino del “tío Manuel”, situado curiosamente cerca de la playa, cerca de la Torre de Rame y próxima a la rambla del Albujón.

Curioso acontecer nos enseña este molino de viento de ocho velas latinas. Estuvo su primera torre, su primer pozo y sus primeros arcabuces en los terrenos que serán expropiados para completar la primera extensión del aeródromo alcazareño, entre la zona dedicada a “la granja la base” y la “casa de Ramón Franco”. La autoridad militar ordenó desmantelar el viejo molino expropiado para evitar accidentes.

El resto de tierras de Manuel Lambertos Olmos quedaron de secano, sin agua. Será su hijo, Manuel Lambertos García, casado en 1915 con Rosario Jiménez Castejón, quien va a conseguir los trastos, ruedas, aparatos, maderas, velas, cordelaje y arcabuces del viejo molino para ser instalados en una nueva torre. La nueva edificación se levantará a escasos cientos de metros del viejo molino, junto a un nuevo pozo excavado, que tenía suficiente caudal para regar pequeñas parcelas de alfalfa y otros cultivos en las tierras no expropiadas. Junto al nuevo molino tambien se levantó la casa familiar, donde nacerían dos hijos y seis hijas, la familia Lambertos Jiménez.

En los años 40 del siglo pasado, recuerdan a Rosario, una de las hijas, como la encargada molinera de soltar velas, quedando a su cuidado mientras soplaba viento con fuerza suficiente, pues se movía una compleja estructura, engarzada en una rueda de noria con sus maromas y arcabuces, comenzando a sacar agua del pozo, que recogida en el pilón era conducida por la pequeña canaleta hacia una balsa. Con el paso del tiempo, cercano al pozo del molino excavaron un segundo pozo e instalaron una noria o aceña tirada por animales de labranza, así aseguraban más caudal y se pudo ampliar la zona de regadío; comenzaron a cultivar habas, guisantes, algodón, pimientos de bola, tomates, melones negros,…

¡Cuántas vueltas darían las ruedas de aquel molino, que tuvo dos torres!

¡Cómo empujarían aquellas velas, cuerdas y maderas aprovechando levantes y lebeches para sacar agua! Ingenio, paradojas, coincidencias,… con los mismos vientos y bajo el mismo sol,… unos labradores intentando sacar agua para sus bancales y pequeños cultivos y a unos cientos de metros, unos aviadores y mecánicos, experimentando los primeros avances de la hidroaviación militar española en el aeródromo de Los Alcázares.

De aquellos acontecimientos quedan ruinas, recuerdos en los mayores y alguna vieja foto.

En la actualidad, en la cercana llanura de Lentiscar y El Algar, zona próxima del campo de Cartagena, apenas sobreviven un manojo de molinos de viento, unos pocos restaurados y otros, muy heridos por el tiempo. En el campo pachequero lucen restaurados los molinos “El Pasico”, “Hortichuela” y“Facorro”, en la zona de Santa Rosalía destaca el “molino Perea”, cerca de Balsicas se mantiene con dignidad el “molino Garre”, próxima a Dolores aparece acicalada la torre del “molino de Elisa” y en las proximidades de San Javier sobreviven dos torres entre la zona comercial…

¡Qué legado histórico está desapareciendo lentamente!

¡Qué oportunidad se está desaprovechando como reclamo turístico y cultural en toda la zona del Mar Menor y Campo de Cartagena!

No hay comentarios

Dejar respuesta