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Fotografía: Vicente Vicéns

Murcia honrará a dos personajes históricos que determinaron de una forma profunda el devenir de esta Región. Se trata de los reyes Jaime I, el Conquistador (1208-1276) e Ibn Mardanish (1147-1172), el célebre Rey Lobo de las crónicas cristianas. Al hilo de la peatonalización del paseo Alfonso X, donde ya luce una estatua del Rey Sabio, el Ayuntamiento convocará un concurso para la creación de dos esculturas que recuerden a estos personajes. Al concurso podrán concurrir cuantos artistas lo deseen. Además, podrán proponer con libertad el diseño de los monumentos y el material en el que serán construidos.

Ambos personajes determinaron la historia murciana. Los cambios introducidos por el Alfonso X en la taifa de Murcia pronto causaron el descontento de la población musulmana, que se sublevó. Fue su esposa, doña Violante, quien pidió a su padre, Jaime I, que recuperara las plazas que los mudéjares ya tenían bajo su poder. Y no eran pocas, si tenemos en cuenta que apenas resistieron Lorca y Orihuela.

Tras convencer a sus nobles de la necesidad de mantener el control del reino murciano, para tranquilidad del resto de la península, Jaime I alcanzó las puertas de la ciudad en 1266, aunque no pocas plazas se le rindieron mientras avanzaba hacia Murcia desde el año anterior. En la capital tampoco hubo que derramar sangre, pues el monarca pactó con los rebeldes que respetaría sus vidas y costumbres si se rendían.

Entre las primeras decisiones que adoptó Jaime I fue la división de la ciudad en dos grandes mitades, reservando la más noble al bando cristiano, lo que incluyó, por ejemplo, consagrar la mezquita mayor, emplazada en la actual catedral, a Santa María.

La reconquista de Jaime I tuvo otras consecuencias. Miles de catalanes y aragoneses repoblarían estas tierras. Aquellos nuevos apellidos aún perduran, entre ellos Pujante, Borgoñós, Bienvingud, Tallante, Guirao, Guillamón, Durante, Reverte, Riquelme, Puche, Pujalte, Capel, Cerdán, Arnao, Noguera, Meseguer, Miralles, Ballester, Nogués, Soler, Virgili, Vinader, Viudes…

Si pocos murcianos recuerdan la figura de este rey, quizá menos podrían apuntar la trascendencia de otro personaje para la historia. Se trata de Ibn Mardanish, el Rey Lobo. Fue el monarca que gobernó Murcia durante buena parte del siglo XII y la convirtió en la segunda ciudad de la España musulmana, solo por detrás de Sevilla. Los territorios bajo su poder abarcaban desde Almería a Castellón. Por no hablar del complejo histórico de Monteagudo, el que asombraría después a Alfonso X.

Enfrentado a los almohades, amplió la legendaria muralla de la ciudad, entre las más imponentes del mundo, y la prosperidad económica resultó evidente. Por ejemplo, la moneda acuñada en Murcia bajo su reinado fue un referente en toda Europa.

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