Convento San José CaravacaPara oscuridad del alma, pero auténtica de verdad, sería la que hubiera sufrido Santa Teresa de Jesús si pudiera comprobar en qué estado está el convento que fundara en Caravaca hace casi cuatro siglos y medio. Porque desde que las Monjas Carmelitas Descalzas anunciaran su intención de abandonarlo, como hicieron en el año 2004, el espléndido edificio levantado a partir de 1576 ha sufrido incontables daños que, en la mayoría de los casos, son constitutivos de presuntos delitos contra el patrimonio.

Aunque las sospechas acerca del expolio del inmueble se remontan al traslado de la congregación a otro edificio en Tallante (Cartagena), un informe del Ayuntamiento de Caravaca, que ahora ve la luz y está fechado a finales del 2013, evidencia hasta qué extremo se permitió la destrucción del monasterio. El informe incluye fotografías del ‘antes y el después’ que señalan con precisión las ubicaciones exactas que debían ocupar, y no ocupan, los objetos desaparecidos.

El documento, firmado por el arquitecto municipal y el jefe de Obras, fue realizado por encargo del alcalde, Domingo Aranda, el 28 de noviembre. Apenas 6 días antes, el regidor había aceptado la cesión al Consistorio del conjunto histórico por parte de su propietaria, la empresa Parador del Convento S.L. De manera que era obligado que se constatara el estado del monasterio, máxime cuando el convenio establecía que el Ayuntamiento era «responsable del mantenimiento y custodia de los bienes muebles que se mantengan por los propietarios en los inmuebles». Pero ya se mantenía poco. Ni siquiera las campanas.

Los técnicos reconocen que ya habían realizado otra visita al lugar el 18 de noviembre, antes de la firma del convenio de cesión donde, curiosamente, no se menciona ni una línea de los daños detectados por ellos. En aquella inspección constataron que «las puertas laterales del retablo de la iglesia han desaparecido» y que «existen cuadros acopiados en la sacristía, con una deficiente protección […] e incluso uno de ellos se ha clavado contra una esquina de un mueble, rompiéndose el lienzo». Aquellas puertas talladas y de espléndida factura, como se supo más tarde, correspondían a los accesos al sagrario y al camarín.

El arquitecto y el jefe de Obras no necesitaron lupas para determinar que el convento había sido arrasado. Solo en el retablo mayor los destrozos eran -y son- tan numerosos que saltan a la vista. Así, faltan de la parte superior hasta 5 cabezas de angelotes y otro ángel completo. Otros dos fueron arrancados, como también desapareció la cabeza del Niño Jesús que porta una talla de la Virgen del Carmen.

Hasta los azulejos del suelo

En la hornacina del primer cuerpo alguien se ensañó hasta el extremo de arrancar de cuajo otras cuatro cabezas de angelotes, un medallón del Sagrario, donde también faltan partes de sus estructura, dos espejos e incluso porciones de los marcos laterales.

El informe documenta cada uno de estos ataques al patrimonio con fotografías que prueban cómo se encontraba el templo después de abril del año 2005 y en qué estado lo encontraron los expertos el 25 de noviembre de 2013. Otras de las piezas más castigadas fueron las trompetillas horizontales del órgano barroco, obra de Miguel Alcarria, que atesora la iglesia desde 1789 y cuyo paradero se desconoce. Y no menos graves son otros daños realizados en la mayoría de los retablos que componían el templo.

En el ubicado en el lateral izquierdo, según el informe, faltan, entre otras piezas, el «Sagrario, un lienzo y un marco, los pináculos de remate y el remate y los vasos de las columnas». Aunque peor suerte corrió el retablo derecho. De allí han sido presuntamente robados -y ciertamente arrancados- los mismos elementos que en el otro y unos jarrones y un angelote.

Otras dos tallas de ángeles se echan en falta en el retablo de Cristo Crucificado, junto a «trozos de elementos escultóricos» y rocallas que los técnicos denunciaron como «eliminados». Por no estar, ni se encontró una parte de los valiosos azulejos del suelo del camarín del retablo mayor, donde antaño luciera una escultura de un Corazón de Jesús, también hoy en paradero desconocido.

Los técnicos municipales regresaron al monasterio unos días después, el 10 de diciembre de 2013, y volvieron a catalogar nuevos desperfectos, entre ellos la sustracción de querubines desaparecidos, lo mismo que le sucedió a una antigua pila de agua bendita, arrancada de una pared.

«Que reclamen las piezas»

Las conclusiones del informe son para echarse a temblar. Y para denunciarlo a la Guardia Civil, que fue lo que hizo el Ayuntamiento de inmediato. La investigación sigue abierta. Según el texto, la retirada de estas piezas «supone un grave menoscabo para la integridad del bien, dejando este elemento [se refieren al edificio] sin sentido arquitectónico ni funcional, y afectando completamente al Bien de Interés Cultural». De igual forma, los técnicos aconsejaron «solicitar a la Dirección General de Cultura la revisión y comprobación del Inventario General de Bienes Inmuebles del Monasterio de San José y que reclamen las piezas inventariadas».

En tercer lugar se proponía «proteger los cuadros y demás bienes muebles». Y, por último y aún más inquietante, el informe es claro al advertir de que se limita «a analizar lo que se aprecia a simple vista», sin reparar en el resto de bienes «recogidos en el catálogo». Los daños pueden constituir, según algún experto, el mayor «expolio en la historia de la Región. Habrá que ver el catálogo».

Pero, ¿a qué catálogo se refieren? El monasterio fue declarado por la Comunidad Autónoma Bien de Interés Cultural, con la categoría de monumento, por decreto de 5 de diciembre de 2003. Como anexo a la declaración se incluyó un catálogo de partes y pertenencias afectadas, entre las que se encontraban 42. Aunque es muy posible, como denunció en 2013 el portavoz del PSOE en Caravaca, Alfonso Sánchez, que el catálogo contuviera «una mínima parte de las piezas de interés que realmente existían».

Así lo expuso en su día a Bienes Culturales, a cuyos responsables advirtió de diversas piezas que «nunca se catalogaron». Entre ellas, una colección de tallas que incluía un belén de Salzillo y una Virgen del Rosario de su escuela, otra Virgen del Carmen de Fernández Caro y otra regalada por Santa Teresa al convento e incluso «una buena colección de niños Jesús». Eso, sin contar un retrato original de Santa Teresa y un magnífico tríptico gótico de marfil. La pregunta es inevitable: ¿dónde están todas esas piezas de valor incalculable?

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